Palabra Fresca

Los cristianos carnales

Posted on: 25 julio 2010

Los cristianos carnales son excepcionalmente curiosos. Por ejemplo, por el solo deseo de conocer lo que les espera en el futuro, tratan de satisfacer su curiosidad y estudian a conciencia e interpretación de su mente las profecías de la Biblia.

Los cristianos carnales tienden a mostrar sus diferencias y superioridades en el vestido, su modo de hablar y sus actos. Desean causar impresión en las personas para que reconozcan todas sus empresas, dones o revelaciones.

Naturalmente, una tendencia así en ellos puede ya haber existido antes de la conversión; pero les resulta muy difícil vencer esta tendencia natural.

Al revés de los cristianos espirituales, que buscan no tanto la explicación como la experiencia de ser uno con Dios, estos creyentes carnales buscan con diligencia su evangelio en la comprensión de su mente. Les gusta discutir y razonar. El fracaso de que su vivencia en el Evangelio se nivele con lo que predican no es lo que les preocupa; ¡es su incapacidad para comprender esta falta de vivencia espiritual lo que les altera! Asumen que conocer mentalmente el Evangelio es poseer la experiencia o vivencia. Esto es un gran engaño.
Muchos creyentes carnales adoptan una actitud de justicia propia, aunque con frecuencia es difícil captar. Se aferran tenazmente a las más pequeñas opiniones o palabras. Es, sin duda, correcto mantener las doctrinas básicas y esenciales de la Biblia, pero ciertamente podemos conceder cierto margen de distancia en los puntos pequeños. Podemos tener la convicción de que lo que creemos es verdad de modo absoluto; con todo, el que tratemos de tragar el camello pero intentemos colar el mosquito no es agradable a Dios para nada. Deberíamos poner a un lado las diferencias pequeñas y proseguir hacia el objetivo común como Cuerpo de Cristo.

En ocasiones la mente de los cristianos carnales es asaltada por el espíritu maligno; de donde sus pensamientos se vuelven confusos, mezclados y, a veces, contaminados. Parecen tener en sus mentes una ensalada teológica. En sus conversaciones frecuentemente contestan lo que no se les pregunta; su mente se desboca; cambian el tópico de la discusión con frecuencia, demostrando lo dispersos que son sus pensamientos. Aun cuando oran y leen la Biblia, su mente se pierde en la lejanía. Aunque estos cristianos generalmente actúan de forma que raramente ponen en orden su pensamiento sobre lo que hacen con anticipación, pueden decir a los otros que ellos siempre obran sobre principios y que consideran cuidadosamente cada acción, incluso citando algunos incidentes de sus vidas para corroborar sus pretensiones. Aunque parezca raro, de vez en cuando piensan tres y hasta diez veces antes de ejecutar un acto. Sus acciones son verdaderamente impredecibles.

Los creyentes carnales son fácilmente cambiantes. Hay ocasiones en que están en extremo entusiasmados y contentos; en otras, abatidos y tristes. En los momentos de felicidad pueden juzgar que el mundo es demasiado pequeño para contenerlos, por lo que se elevan por los aires, en las alas del viento, hacia los cielos; pero en momentos de tristeza llegan a la conclusión de que el mundo ya está harto de ellos y de buena gana se desembarazarían de su persona. Hay ocasiones de entusiasmo en que sus corazones son agitados como si fuera por un fuego ardiendo dentro, o hubieran hallado súbitamente un tesoro. Igualmente hay horas de depresión en que su corazón no puede ser estimulado, sino que ceden a un sentimiento de pérdida que les deja sumamente deprimidos. Su gozo y su pena dependen principalmente de sus sentimientos. Sus vidas son susceptibles de cambios constantes porque son gobernados por sus emociones.

La hipersensibilidad es otro rasgo que generalmente marca a los creyentes carnales. Es muy difícil vivir con ellos porque interpretan todo movimiento que tiene lugar a su alrededor como dirigido hacia ellos. Cuando se les descuida se enojan. Cuando sospechan que los otros cambian su actitud respecto a ellos se consideran lastimados. Fácilmente intiman con la gente, porque literalmente se crecen en el afecto. Exhiben el sentimiento de la inseparabilidad (compañeros pase lo que pase). Un cambio leve en tal relación produce en su alma un dolor indecible. Y así estas personas se engañan pensando que sufren por el Señor.

Dios conoce las debilidades de los creyentes carnales cuando hacen de su yo su centro, y se consideran especiales cuando consiguen un pequeño progreso en el reino espiritual. Dios les concede dones especiales, experiencias sobrenaturales y revelaciones que les posibilitan gozar de momentos de bienaventuranza indescriptible, así como momentos de gran intimidad con el Señor, como que si le hubieran visto y tocado. Pero el usa estas gracias especiales para humillarlos y traerles al Dios de toda gracia.

Lamentablemente, estos creyentes no siguen los propósitos de Dios. En vez de glorificar a Dios y acercarse más a Él, se apoderan de la gracia de Dios para su propia jactancia. Ahora se consideran más fuertes que los demás; porque se imaginan, en secreto, que son más espirituales que aquellos que no han tenido estos encuentros. Además, los creyentes carnales tienen numerosas experiencias sentimentales que les inducen a considerarse más espirituales, sin darse cuenta que no son más que evidencias de que son carnales. El que es espiritual no vive por el sentimiento, sino por la fe.

Con frecuencia el cristiano carnal es turbado por las cosas de afuera. Las personas, la música o los asuntos, o las cosas del mundo que les rodean invaden su hombre interior y perturban la paz de su espíritu. Si colocan a un cristiano carnal en un ambiente gozoso se sentirá gozoso. Ponle en un ambiente de pena y sentirá dolor y depresión. Es como el camaleón que adopta el color de su entorno.

Los que son carnales generalmente prosperan en la sensación. El Señor les concede el sentido de su presencia antes de alcanzar la verdadera espiritualidad. Tratan esta sensación como un gozo supremo. Cuando se les concede un sentimiento así, se imaginan que hacen grandes progresos hacia la cumbre de la madurez espiritual. Con todo, el Señor alternativamente les concede y retira estos toques, para poder entrenarlos gradualmente a que dejen de depender de las sensaciones y empiecen andar por fe. Estos no entienden el método del Señor, sin embargo, llegan a la conclusión de que su condición espiritual es más elevada cuando sienten la presencia del Señor y más baja cuando dejan de sentirla.

Los cristianos carnales tienen un marca común: su palabrería. Sus palabras deberían ser pocas, lo saben muy bien, pero se ven impulsados a discusiones interminables, con la emoción más entusiasta. Carecen de control de sí mismos en el habla; una vez abierta la boca, la mente no parece tener riendas para frenarlas. Las palabras caen como avalancha. Ahora bien, el cristiano carnal se da cuenta de que no debería hablar sin parar, pero por alguna razón le es imposible inhibirse una vez que comienza la conversación. Entonces hay pensamientos de todas clases que rápidamente invaden la conversación, precipitándose en continuo cambio de tópico y un relleno infalible de palabras. Y “cuando las palabras son muchas, no falta la transgresión” dice Proverbios 10:19. Porque el resultado será, o bien una pérdida del control debido al mucho hablar, la perdida de la paz a causa de las discusiones, o incluso la pérdida del amor debido a las críticas, pues de modo secreto e hipócrita enjuician a los demás. Se dan cuenta de que esta inconstancia no se corresponde al hombre santo de Dios; pero no pueden detenerse. Aunque a veces aborrecen este hablar sin provecho e impío, no es durante mucho tiempo; cuando la emoción es de nuevo estimulada, de modo automático vuelven a su pasatiempo favorito: hablar y criticar.

Los cristianos carnales se permiten también el “deseo de los ojos”. Lo que con frecuencia gobierna sus actitudes es el punto de vista particular, artístico o estético que prevalece momentáneamente en el mundo corriente. No han asumido todavía la actitud de muerte en cuanto a los conceptos artísticos humanos. En vez de ello se enorgullecen en poseer una visión penetrante del artista, la música, el arte, etc. En caso de que no sean admiradores ardientes del arte (pintura, música, teatro, vestidos, etc.) pueden saltar al otro extremo y ser totalmente indiferentes a los dones y a la belleza, dados y creados por Dios. Estos se van a vestir en harapos como muestra de lo que sufren por el Señor, o por el contrario, ser sumamente ostentosos y de esta manera demostrar “sus riquezas” en Cristo.

Los cristianos carnales intelectuales, que viven según el alma tienden a verse a sí mismos como “bohemios”. En una mañana fría, o una noche de luna, por ejemplo, es probable hallarlos derramando sus almas en canciones sentimentales. Con frecuencia lamentan sus vidas, vertiendo muchas lágrimas de compasión propia. A estos cristianos carnales les encanta la literatura, están hambrientos de ella y devoran su hermosura. También recitan frases famosas, o largos versículos y hasta capítulos enteros de la Biblia, porque esto les da un sentimiento de trascendencia. Van a ver las montañas, los lagos y los ríos, puesto que esto los lleva más cerca de la naturaleza. Al ver que el curso del mundo empeora y declina, empiezan a pensar en vivir una existencia aislada de los demás. ¡Qué elevados y qué puros son!

No son como los demás creyentes, que les parecen materialistas, chabacanos, metidos en mil asuntos. Estos cristianos se consideran muy espirituales, no reconociendo lo increíblemente carnales que son en realidad. Una carnalidad así representa el mayor de los obstáculos para que puedan entrar en un reino que es totalmente espiritual, porque son gobernados completamente por sus emociones. Lo que constituye el mayor riesgo para ellos es que no se dan cuenta de su posición peligrosa y de su total contentamiento propio.

Cuando los creyentes carnales oyen la enseñanza sobre la carne y el espíritu, su mente natural lo asimila rápidamente y sin dificultad. Pero ¿Qué sucede entonces? Se ponen a discernir y ordenar los pensamientos (intención del corazón) o actos carnales, no de sus vidas, sino la de los demás. Su nueva revelación o adquisición de un nuevo conocimiento solamente les ha impulsado a enjuiciar a otros pero no ayudarse a sí mismos. Esta afición a criticar es una práctica común entre los creyentes carnales. Tienen la capacidad del alma de recibir el conocimiento, pero carecen de la capacidad espiritual para ser humildes. Cuando comparten con otros quieren dejar la impresión de ser rectos y radicales, lo que evidencia que al revés de los creyentes espirituales su hombre exterior no ha sido quebrantado por el Espíritu Santo.

Los cristianos carnales que prosperan en las cosas materiales o vida del alma, son muy orgullosos. Esto debido a que hacen del yo su centro. Por mucho que traten de dar gloria a Dios y reconocer todo mérito como la gracia de Dios, los creyentes carnales tienen la mente puesta en sí mismos. Tanto si consideran sus vidas buenas como malas, sus pensamientos giran alrededor de sí mismos. No se han perdido aún en Dios. Se tienen por muy lastimados sin son puestos a un lado, sean en la obra de Dios o en el juicio de los otros (se preocupan por lo que otros piensan de ellos).
No pueden tolerar los malentendidos y críticas, porque, al revés de lo que ocurre con sus hermanos más espirituales, todavía no han aprendido aceptar alegremente las disposiciones de Dios, tanto si dan por resultado el reconocimiento o rechazo de los hombres. Se resisten a mostrarse inferiores o a ser despreciados. Incluso después que han recibido la gracia de conocer el estado real de su vida natural como muy corrupta, y aun después de haberse humillado delante de Dios (considerando que sus vidas fueron de las peores del mundo), estas personas, a pesar de ello e irónicamente, terminan considerándose más humildes que los demás. ¡Se envanecen de su humildad! El orgullo está incrustado en ellos hasta la médula.

Los creyentes carnales pueden abundar en conocimiento llamado “espiritual”, pero se quedan cortos con la experiencia y la práctica de tener una vida gobernada por el Espíritu Santo. De ahí que condenan a otros pero no se corrigen a sí mismos.

31Y comenzó a enseñarles que le era necesario al Hijo del Hombre padecer mucho, y ser desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días. 32Esto les decía claramente. Entonces Pedro le tomó aparte y comenzó a reconvenirle. 33Pero él, volviéndose y mirando a los discípulos, reprendió a Pedro, diciendo: ¡Quítate de delante de mí, Satanás! porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.
34Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. 35Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará. 36Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? 37¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?
38Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.
Evangelio de Marcos 8:31-38

14Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento. 15Porque para Dios somos grato olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden; 16a éstos ciertamente olor de muerte para muerte, y a aquéllos olor de vida para vida. Y para estas cosas, ¿quién es suficiente?* 17Pues no somos como muchos, que medran falsificando la palabra de Dios, sino que con sinceridad, como de parte de Dios, y delante de Dios, hablamos en Cristo.
2 Carta de el Apóstol Pablo a los Corintios 2:14-17

* Sólo Cristo es suficiente, ni el apóstol Pablo con toda su revelación o sabiduría dada por el Espíritu Santo, ostentaba tener toda la abundancia de la verdad y revelación del Evangelio.

Tu hermano en Cristo, Christian Sebastia.

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