Palabra Fresca

Puerta de esperanza

Posted on: 11 marzo 2010

Nosotros tendemos a jactarnos en el poder de la fe mientras minimizamos el valor de la esperanza. Aun así, “es la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Heb. 11:1). Si primero no tenemos una esperanza viva en Dios, nuestra fe carece de sentido. Ciertamente, el primer grado de la transformación es el despertar de la esperanza.

Y aun más, incluso después de estar en Cristo, todavía fracasamos. Con frecuencia, una especie de descendente espiral ocurre cuando el pecado abre la puerta a la condenación, y la condenación sofoca la voz de la esperanza.  Considere la historia de la conquista de Canaán por parte de Israel. El Señor estaba por prosperar a Israel con la riqueza de los Cananitas, pero solamente si los botines de su primera batalla en Jericó eran completamente dedicados a Dios. Sin embargo, un hombre, Acán, desafió el edicto del Señor. Tomó plata, oro y un manto babilónico, y luego los escondió en su tienda. Como resultado de su pecado, treinta y seis israelitas murieron en la siguiente batalla – derrotados y humillados por al pequeña ciudad de Hai.

Después que el Señor expuso a Acán como el perpetrador de este pecado, Josué lo tomó, junto con su familia y posesiones, y los llevó a un valle.  Allí, el líder de Israel dijo: “¿Por qué nos has turbado? Túrbete Jehová en este día. Y todos los israelitas los apedrearon. . . Y por esto aquel lugar se llama el Valle de Acor, hasta hoy” (Josué 7:25-26).

La palabra Acor significa “problema.”  Representó los problemas y el dolor que el pecado de una persona causa a muchas otras. Ciertamente, lo más terrible que Acán experimentó fue que su pecado hizo que su esposa e hijos murieran con él. Mientras se abrazaban entre sí para esperar este juicio horrible, el sentimiento de culpa y el remordimiento debieron ser para Acán insufribles.

El Fracaso Personal
Con el tiempo, el valle de Acor llego a simbolizar el peor de los castigos. Era un lugar de muerte y desolación. Hoy en día, por supuesto, no apedreamos a aquellos cuyo pecado o irresponsabilidad causaron dolor a otros. Mas todavía, el pecado tiene consecuencias, y aunque no seamos apedreados físicamente por nuestros fracasos, los efectos de la condenación publica pueden ser igualmente devastadores para el espíritu humano. El hecho es que muchos de nosotros conocimos un valle de Acor personal en el cual nuestra negligencia moral o nuestras malas acciones causaron el sufrimiento de otras personas.

Quizá usted cometió adulterio, y desde entonces, su esposa e hijos están devastados. Puede ser que su ansiedad o descuido al conducir su auto hayan causado un accidente,  produciendo como resultado un gran sufrimiento o incluso la muerte de otra persona. O quizá su falta de ejemplo cristiano hizo que sus hijos se alejaran de Dios. Las posibles formas de fracaso son interminables, pero el resultado es casi siempre el mismo: es como si una maldición reposara sobre su vida

Como si no fuera suficientemente malo el hecho de que su corazón lo condena,  hay individuos cuyas palabras y actitudes de crítica lo convencieron de su desesperanza. La censura publica, las miradas frías y las actitudes de juicio tienen sobre su alma el mismo efecto que la lapidación tuvo sobre el cuerpo de Acán, sólo que lo muerto en usted ahora es la esperanza. Donde antes podía mirar con expectativa hacia el futuro, ahora el dolor en su corazón y el arrepentimiento bloquean su visión.

Solamente la virtud, que proviene de un puro, profundo y verdadero arrepentimiento, puede desplazar la carga de la auto-condenación. Así, la única respuesta correcta a las acciones equivocadas y sus consecuencias es la obra transformadora del Espíritu Santo.

Lamentablemente, el enemigo tiene a muchos cristianos atrapados en incredulidad y auto condenación. Ellos saben que lo que hicieron fue equivocado y lo lamentan, pero no pueden librarse del sentimiento de culpa. Recuerde, nuestro Redentor vino a proclamar libertad a aquellos “cautivos” (ver Isaías 61:1).  ¿Está Él hablando solamente de aquellos que están físicamente en la cárcel? No, Su misión es para todos aquellos de nosotros que somos prisioneros de nuestros fracasos pasados. Dios quiere que aprendamos de nuestros errores, no que permanezcamos cautivos de ellos. Jesús vino a liberar y a restaurar a aquellos cuyos sueños yacen enterrados en el valle de Acor.

Una Tragedia Personal
Las cargas que llevamos puede que no tengan nada que ver con fallas morales. Puede que sean el resultado de una serie de calamidades de la vida.

Una de las peores experiencias para el alma es la muerte de un ser querido. Tal pérdida puede dejarnos con una excesiva carga y atrapados en el pasado. La historia del padre de Abram. Taré, nos pinta un cuadro de un hombre quien no pudo superar la pérdida de un ser querido.

Taré tuvo tres hijos: Abram, Nacor y Harán. La Biblia nos dice que “murió Harán en presencia de su padre” (Gén. 11:28). Perder a un hijo puede producir un terrible dolor; verlo morir en nuestros brazos puede ser profundamente devastador.

Con el tiempo, Taré tomó a su familia y salió de Ur de los caldeos en busca de un nuevo destino en Canaán. No obstante, durante la ruta, tuvo que atravesar una ciudad con el mismo nombre de su fallecido hijo, Harán. En vez de continuar a Canaán, las Escrituras nos dicen que “llegaron hasta Harán y se establecieron allí” (v. 31).

La nostalgia por un ser amado fallecido es algo normal. No obstante, las tragedias de la vida tienen una forma de obligarnos a una falsa lealtad la cual nos impide liberarnos del dolor. Inesperadamente, un rostro en un aeropuerto o una canción en la radio inundan nuestros corazones y súbitamente, somos vencidos por la aflicción. ¡Qué rápidamente volvemos a entrar al lugar de nuestro dolor; y cuán fácil es quedarnos allí!

“Y murió Taré en Harán” (v. 32). No sólo Taré se quedó a vivir en Harán, él murió allí. La narración es significativa y profética. Quizá fue un falso sentido de culpa que lo mantuvo como rehén: Si hubiese hecho esto o lo otro ¡mi hijo no hubiese muerto! Cual sea la razón, Taré no fue capaz de superar nunca la muerte de Harán.

Debemos asimismo ver que, por dolorosa que sea la muerte de un ser querido, no podemos permitir que las heridas de nuestro pasado anulen lo que Dios tiene para nosotros en el futuro. Aun si tenemos que entrar cojos, no debemos asentarnos en algo que está fuera de nuestro destino. La gracia de Dios esta acá ahora. Con Su ayuda, debemos decidir continuar nuestro viaje hacia Canaán o también nosotros, moriremos en Harán.

Un Tiempo Para Sanar
Estas dos cosas, el fracaso y la tragedia personal, pueden colocar crueles cargas de opresión y culpa sobre nuestras almas. La respuesta de Dios a nuestra necesidad es que, además de perdonar nuestros pecados, Él hizo que cayera sobre Cristo “la iniquidad de todos nosotros” (Isa 53:6). Sea nuestra culpa justificada o no, debe ser removida de nuestros propios hombros y puesta sobre Cristo.

Hoy en día, una renovación está teniendo lugar en varias partes del mundo; Dios está restaurando el gozo a Su pueblo. Muchos a quien el Señor ha tocado fueron abatidos por la carga – tal como lo puede estar usted – con fracaso moral o tragedia. En el mismo lugar donde nuestras aplazadas esperanzas enfermaron nuestro corazón Cristo está aquí, “para vendar a los quebrantados de corazón” (Isa. 61:1). Donde reinaron la aflicción y el abatimiento, El da “diadema en vez de ceniza, aceite de alegría en vez de luto, manto de alabanza en vez de espíritu abatido” (Isa. 61:3).

La asistencia a la iglesia no será ya mas una penitencia por sus fracasos. De ahora en adelante, usted entrará por Sus puertas con acción de gracias. Ciertamente, a cada cristiano luchando con una insoportable carga, el Señor le dice:’Aún eres Mi Novia’.

De hecho, hablando de este valle de problemas, el Señor ha prometido: “he aquí que yo la atraeré y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón. Y le daré sus viñas desde allí, y el valle de Acor por puerta de esperanza; y allí cantará como en los tiempos de su juventud” (Oseas 2:14-15).

La fecundidad de la bendición de Dios, desde este día en adelante, aumentara en su vida. Y allí en “el valle de Acor,” en el escenario de sus mas profundas heridas y peores fracasos, el Señor ha puesto para usted una “puerta de esperanza.” Su objetivo es nada menos que restaurar en usted la melodía del Señor, para que cante otra vez “como en los tiempos de su juventud.”

Por Francis Frangipane

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6 comentarios to "Puerta de esperanza"

precioso!! valle de esperanza!!!

me agustado mucho,,,,,,el tema, es profundo ablando de (LA RESTAURACION DE LOS CAIDOS)

Gracias a Dios por la esperanza….

Gracias por explicarme lo que necesitaba, se que hay una restauracion
atte. Fernando Saavedra

Que linda y bendita lectura. Muchas bendiciones y siga escribiendo en la direccion del Santo Espiritu de DIOS.

Hermosa reflexion

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